Sonidos en el Papel – Charles Bukowski, Escritos de un viejo indecente (fragmento)

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Charles Bukowski

Charles Bukowski (Andernach; 16 de agosto de 1920 – Los Ángeles; 9 de marzo de 1994).
Escritos de un viejo indecente (fragmento)

he visto últimamente a demasiados intelectuales, estoy
harto ya de esos ingenios insignes que tienen que soltar diamantes cada vez que abren la
boca, estoy harto de luchar por cada espacio de aire libre para la mente, por eso estuve
apartado de todos tanto tiempo, y ahora, al volver a ver a la gente, descubro que debo
volver a mi cueva, hay otras cosas además de la mente: hay insectos, y palmeras y
pimenteros de mesa, y yo tendré un pimentero de mesa en mi cueva, para reírme.
la gente siempre te traicionará.
no confíes nunca en la gente.

los veranos son más largos donde cuelgan los suicidas y las moscas comen tortitas
de barro, es un famoso poeta de la calle de los años cincuenta y sigue vivo aún. y tiro mi
botella al canal, estamos en Venice, y Jack está refugiado aquí por una semana, más o
menos, tiene que dar una lectura no sé dónde, dentro de unos días, el canal tiene un
aspecto extraño, muy extraño.
—poca profundidad para la autodestrucción.
—sí —dice él con voz de película del Bronx— tienes razón.
tiene treinta y siete años y el pelo canoso, nariz aguileña, encorvado, enérgico,
desengañado, macho, muy macho, sonrisita judía, quizás no sea judío, no se lo
pregunto, los ha conocido a todos, meó en el zapato de Barney Rosset en una fiesta
porque no le gustó algo que dijo Barney. Jack conoce a Ginsberg, Creeley, Lamantia,
etc., etc., y ahora conoció a Bukowski:
—sí, Bukowski vino a Venice a verme, toda la cara llena de cicatrices, los hombros
caídos, parece acabado, apenas habla, y cuando habla dice vulgaridades, no parece que
haya escrito todos esos libros de poemas, pero es que ha estado demasiado tiempo en
esa oficina de correo, es muy escurridizo, le ha sorbido el espíritu, una vergüenza, pero
así son las cosas, de todos modos, sigue siendo un jefe, un verdadero jefe,
¿comprendes?
Jack conoce el asunto por dentro, y es divertido pero real saber que la gente no es
gran cosa, que es todo una farsa puñetera y que lo sabes pero resulta divertido oírlo
decir, allí sentado al borde de un canal de Venice intentando curar una resaca de calibre
extra.
hojea un libro, fotografías de poetas, más que nada, no estoy allí, empecé tarde y
viví demasiado en cuartuchos solo bebiendo vino, ellos suponen siempre que un
ermitaño está loco, quizás tengan razón, recorre el libro, dios, allí sentado con aquella
resaca y el agua allí abajo y Jack mirando el libro aquel, veo manchas claras, narices,
orejas, el brillo de las páginas fotográficas, no me importa, pero pienso que necesitamos
encontrar algo de qué hablar y a mí me cuesta trabajo hablar y él hace el trabajo, así que
así estamos, canal de Venice, toda la miserable tristeza de la vida…
—este tío se volvió loco hace unos dos años.
—este tío me dijo que tenía que chupársela si quería que publicara mi libro.
—¿lo hiciste?
—¿que si lo hice? ¡le eché a cintazos! ¡qué cosas tienes!
me enseña el puño del Bronx.
me echo a reír, es cómodo y es humano, este amigo, todos tenemos miedo a ser
maricas, estoy harto de eso. quizás debiésemos volvernos todos maricas y
tranquilizarnos, no agarrar el cinturón como Jack. pero, para variar, Jack es bueno, hay
demasiada gente con miedo a hablar contra los maricas, intelectualmente, lo mismo que
hay demasiada gente que tiene miedo a hablar contra la izquierda, intelectualmente. no
me preocupa el rumbo que tome el asunto, sólo sé que hay demasiada gente con miedo.
en fin, Jack es buen tío. he visto últimamente a demasiados intelectuales, estoy
harto ya de esos ingenios insignes que tienen que soltar diamantes cada vez que abren la
boca, estoy harto de luchar por cada espacio de aire libre para la mente, por eso estuve
apartado de todos tanto tiempo, y ahora, al volver a ver a la gente, descubro que debo
volver a mi cueva, hay otras cosas además de la mente: hay insectos, y palmeras y
pimenteros de mesa, y yo tendré un pimentero de mesa en mi cueva, para reírme.
la gente siempre te traicionará.
no confíes nunca en la gente.
—todo ese asunto de la poesía lo controlan los maricas y la izquierda —me dice,
mirando al canal.
hay en esto una parte de verdad indiscutible y amarga y no sé qué hacer ni qué
decir, tengo, desde luego, plena conciencia de que algo va mal en este asunto de la
poesía: los libros de los famosos son tan aburridos, incluido Shakespeare, ¿pasaba igual
entonces?
decidí soltarle a Jack un poco de mierda: 2
—¿recuerdas la vieja revista de poesía? no sé si fue Monroe o Shapiro o qué, en fin,
se ha hecho tan mala que ya no la leo, pero recuerdo una cosa que dijo Whitman:
»”para tener grandes poetas necesitamos grandes públicos”, bueno, he pensado
siempre que Whitman era un poeta superior a mí, pero esta vez creo que se equivocó,
debería haber dicho:
»”para tener grandes públicos necesitamos grandes poetas”.
—sí, eso mismo, estoy de acuerdo —dijo Jack—, me encontré a Creeley en una
fiesta hace poco y le pregunté si había leído algo de Bukowski. se quedó congelado, no
me contestaba, amigo, ya sabes lo que quiero decir.
—larguémonos de aquí —dije.
fuimos hacia mi coche, tengo, más o menos, un coche, un cacharro, claro. Jack no
suelta el libro, aún pasa hojas.
—este tipo anda chupando pollas.
—¿de veras?
—este tipo se casó con una maestra de escuela que le atiza en el culo con una
correa, una mujer horrible, no ha escrito ni una palabra desde que se casó, le tiene el
alma enganchada ella en su coño-correa.
—¿hablas de Gregory o de Kero?
—¡no, éste es otro!
—¡vaya por Dios!
seguimos hacia el coche, soy bastante torpe para las sensaciones, pero puedo
SENTIR la energía de este hombre. ENERGÍA, y me doy cuenta de que quizás sea
posible que vaya caminando con uno de los pocos inmortales poetas primitivos de
nuestra época, y luego tampoco eso importa, después de pensarlo.
entro, el trasto arranca pero el cambio está jodido otra vez. logro llevarlo en primera
todo el camino, pero el cabrón se cala en todas las señales, apenas tiene batería, yo rezo,
una arrancada más, que no venga la poli, no más líos por conducir borracho, no más
cristos de ningún género en ningún género de cruz, podemos escoger entre Nixon y
Humphrey y Cristo y acabar jodidos de todas todas acudamos a quien acudamos.
giremos hacia donde giremos, y yo giré a la izquierda, frené ante la dirección a la que
íbamos y salimos.
Jack aún seguía con el libro.
—este tipo está bien, se mató él mismo, mató a su padre, a su madre, a su mujer,
pero no disparó contra sus tres hijos ni contra el perro, uno de los mejores poetas desde
Baudelaire.
—¿sí?
—sí, coño, sí.
salimos del trasto y yo hago la señal de la cruz para que arranque otra vez más
aquella mierda.
subimos y Jack llama a la puerta.
—¡PAJARO! ¡PAJARO! ¡soy Jack!
se abre la puerta y allí está el Pájaro, miro dos veces, no puedo ver si es hombre o
mujer, la cara es esencia destilada de opio de belleza intacta, es un hombre, los
movimientos son de hombre, lo sé pero sé también que si se lanza a la calle puede
alzarse un infierno y pueden atacarle incluso brutalmente, le matarán porque no ha
muerto en absoluto, yo he muerto nueve décimas partes pero mantengo la otra décima
como un arma, puedo bajar la calle sin que me diferencien del vendedor de periódicos,
aunque los vendedores de periódicos tengan caras más agradables que cualquier
presidente de Estados Unidos, pero en fin, ése es otro asunto.
—Pájaro, necesito veinte —dice Jack.
Pájaro saca un bendito billete de veinte, su movimiento es suave, pausado.
—gracias, muchacho.
—de nada, ¿queréis pasar?
—vale.
entramos, nos sentamos, ahí está la estantería de libros, echo un vistazo, no parece
tener ni un libro aburrido, descubro allí todos los libros que he admirado, ¿cómo
demonios? ¿es un sueño? el chico tiene una cara tan guapa que cada vez que le miro me
siento bien, es como un plato de chile y judías, caliente, después de salir de una
borrachera muy mala, el primer bocado en semanas, bueno, mierda, yo siempre estoy en
guardia. 3
el Pájaro, y el océano allá abajo, y la batería mal. un cacharro, los polis patrullan sus
calles estúpidas y secas, qué mala guerra ésta, qué pesadilla estúpida, sólo este
momentáneo espacio fresco entre nosotros, todos vamos a acabar aplastados, nos
convertirán en seguida en juguetes rotos, en esos zapatos de tacón alto que bajan
corriendo alegremente las escaleras para acabar fuera de ella jodidos para siempre, para
siempre, imbéciles y estúpidos, imbéciles e instrumentos, dios maldiga nuestra flaca
bravura.
nos sentamos, aparece una botella grande de escocés, echo un buen trago y, bueno,
siento náuseas, parpadeo, idiota, cerca ya de los cincuenta y aún intentando jugar al
Héroe, héroe tonto del culo en una andanada de vómitos.
entra la mujer del Pájaro, nos presentan, es una mujer líquida de vestido marrón,
sólo fluye fluye con ojos risueños, fluye, de veras, fluye.
—¡UAU UAU UAU UAU! —exclamo.
tiene tal aspecto que tengo que cogerla, abrazarla, y apoyármela en la cadera
izquierda, hacerla girar, reír, nadie me toma por loco, reímos todos, todos
comprendemos, la dejo, nos sentamos.
a Jack le gusta que yo salga a escena, ha estado tirando de mi alma y está cansado,
esboza la sonrisa, es un buen tipo, supongo que alguna vez, en una rara existencia,
habrás entrado en una habitación llena de gente que te ayuda sólo con mirarla, con
escucharla, éste fue uno de esos momentos mágicos, me daba perfecta cuenta, yo ardía
como un plato de tamal con pimientos, todo bien. o.k.
soplé otro buen trago para perder la vergüenza, me di cuenta de que era el más débil
de los cuatro y que no quería hacer daño, sólo comprender su santidad sencilla, amaba
como un perro loco y pajillero metido en una cuadra de perras calientes, sólo que tenía
milagros para mostrarme tras el esperma.
el Pájaro me miró.
—¿viste mi composición?
alzó una cosa bastante mierdosa con un pendiente de mujer y otras chorradas más
colgando.
(por cierto… me doy cuenta de que cambio de presente a pasado, y si no te gusta…
métete un pezón por el escroto. — linotipista: deja esto.)
me lancé a una larga y aburrida perorata, explicando que no me gustaba esto y sí
aquello, hablando de mis sufrimientos en las clases de arte.
el Pájaro me arranca el freno.
en realidad la cosa es sólo a jeringa y entonces me sonríe, pero, en fin, yo también
conozco el asunto: que quizás, según me han dicho, desde dentro, el único junky que
puede conseguirlo es Wm. Burroughs, dueño, casi, de la Burroughs Co. y que puede
hacerse el duro aunque no sea por dentro más que un blando y gordo cerdo
chupaverrugas. eso es lo que yo he oído, y me lo dijeron muy bajito, ¿es cierto? en
realidad, cierto o no, Burroughs es un escritor bastante torpe y sin la insistencia de la
intelectulidad pop en su influencia literaria, no sería casi nada, como Faulkner no lo es
salvo para extremistas sureños muy secos como el señor Corrington y el señor Sí Señor
y el señor Come-Mierda.
—muchacho —empiezan a decirme—, estás borracho.
y lo estoy, y lo estoy, y lo estoy.
no hay otra solución más que ponerse a discutir o dormirse.
me hacen un sitio.
bebo demasiado aprisa, siguen hablando, les oigo, suavemente.
duermo, duermo en camaradería, el mar no me ahogará y tampoco ellos, aman mi
cuerpo dormido, soy tonto del culo, aman mi cuerpo dormido, ojalá lleguen a lo mismo
todos los hijos de Dios.
jesús jesús jesús Jesús
¿a quién le importa una batería
muerta?

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Jazz, Literatura, Poesía.... aire rítmico que toque el alma en cualquiera de sus formas... lienzo, papel, sonido...
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One Response to Sonidos en el Papel – Charles Bukowski, Escritos de un viejo indecente (fragmento)

  1. Víctor Alonso says:

    Reblogged this on Isla Negra.

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