Ensoñaciones (I), por Víctor M. Alonso

E. Hopper - East Side Interior.

(…)la nostalgia verdadera, la que se mece incomprensible, pausada y traicionera en la fermentación de los años y el olvido, siempre nos encuentra inconscientes de su propia existencia, desprevenidos y débiles ante el desconcierto que provocan tantos recuerdos juntos.

En el crepúsculo, a la hora en que el sol se retira y entra oblicuo, cargado de tonos rojizos a través de los celajes y manchando con su luz melancólica el enladrillado, me hallo en el salón antiguo de la casa familiar.

El silencio causa un cierto dolor; la nostalgia verdadera, la que se mece incomprensible, pausada y traicionera en la fermentación de los años y el olvido, siempre nos encuentra inconscientes de su propia existencia, desprevenidos y débiles ante el desconcierto que provocan tantos recuerdos juntos.

Me traiciona el sentimiento. Son muchas las memorias y es tanta la soledad con quien compartirlas que no concibo otra manera de reaccionar que sumirme en la quietud ambigua de este instante. Es tanta la necesidad de protegerme del alud de años que me viene encima con toda la mezquindad de su tristeza que no encuentro otra salida que sumirme en mi propio silencio y la vigente soledad del momento. Es un recurso desesperado de buscar compañía: mi soledad y la soledad de la casa, su silencio y mi silencio en mutua, solidaria y abrumadora existencia.

El único rastro de vida, en medio de tanta quietud espacial, de tanta dolorosa monotonía que contrasta con el movimiento desaforado de mi memoria, lo marca el lejano ruido del latir de mi propio corazón, que penetra mi cerebro incesante e insistente, y el desarrollo lento de la rojiza luz crepuscular que cambia sus tonos y se mueve lentamente, que se desliza como una mancha de aceite colorida a  lo largo de la extensión, también rojiza, del suelo enladrillado de la estancia.

Mis ojos barren con delectación apesadumbrada los rincones, en un distraído intento de perpetuar la atracción a mi memoria del pesado aluvión de recuerdos, y junto a la butaca de cuero donde mi padre pasó los mejores momentos de su vida, sus conversaciones familiares, sus lecturas, los momentos de amor fraterno al calor de sus palabras amables, justo a unos pocos centímetros por delante, me percato del desgaste del suelo, de la aridez que dejó tantos y tantos años de acariciar el ladrillo con sus pisadas, que de manera incesante fueron lijando la superficie dura y brillante de la piedra.

Allí, en ese preciso espacio de apenas unos centímetros cuadrados, el ladrillo ha perdido su coloración y ya no es rojo, es blanco, agónicamente desteñido por la suma de los días y la gravedad del tiempo. Allí, ante esa visión simbólica del fluir de una cronología familiar marcada por el desgarro de la muerte, me quedo absorto, mientras los fantasmas del tiempo y el recuerdo, que siempre llegan con retraso, me llenan el pensamiento.

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About Víctor Alonso

Jazz, Literatura, Poesía.... aire rítmico que toque el alma en cualquiera de sus formas... lienzo, papel, sonido...
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4 Responses to Ensoñaciones (I), por Víctor M. Alonso

  1. SERENA SOLEDAD AMUCHÁSTEGUI says:

    Bellísima prosa y nostalgia contagiosa….!

  2. Estravagario says:

    Gracias Serena Soledad !

  3. maría says:

    Dejo entrar en mí el sentimiento que trasciende esa prosa
    dolorosa y sutil… Las palabras dejan que la emoción se
    haga liviana como colores de acuarela… Se desliza e influye como la música, no da lugar a la lógica…

    Quiero seguir pensándolo.

    • Estravagario says:

      Palabras y colores… ¿qué color asoma a tu imaginación? No son sólo colores; es la textura que deja la sombra del pincel, su trazo delicado y paciente. Pero no sólo palabras, colores y texturas… es también la música y la emoción… todo es lo mismo. En su ardiente y delicada unicidad todo se unifica y se hace uno. Claro está que no hay lógica posible en todo esto. Como diría Carlos Fuentes (https://negraisla.wordpress.com/2012/02/03/carlos-fuentes-constancia-y-otras-novelas-para-virgenes-fragmento/), la lógica es la excepción y el enigma es la realidad última de todas las cosas.
      Si de alguna manera he conseguido que a través de las palabras, el sentimiento haya entrado en ti, soy un ser infinitamente feliz. GRACIAS María.

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