Mujer que transmigra una mañana de otoño ~ Víctor M. Alonso

Edvard Munch - "Woman in blue"

 

(Para N.S.S., mi madre.)

 

Se levanta el cielo y la luz

Recorre la mañana

 

Caminas sin rumbo

Perdida

Bajo un manto de lluvia

 

Tus ropajes oscuros

Resaltan tu figura

Remarcan la tristeza

Mortuoria del día

 

Tu cuerpo yace inerte

Ingrávido

Allí

En el espacio opaco

Donde te ubica

El destino

 

Pero en mi memoria

Mi memoria

Todo es distinto

Ocupas el hueco

Del aire que amanece

Del canto de gaviotas

Del olor repentino

Que causa la marea

 

Renaces Resucitas

Sólo para mí

Para que te vea y recuerde

Tu andar desde el silencio

 

Víctor M. Alonso 29/11/2011

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About Víctor Alonso

Jazz, Literatura, Poesía.... aire rítmico que toque el alma en cualquiera de sus formas... lienzo, papel, sonido...
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2 Responses to Mujer que transmigra una mañana de otoño ~ Víctor M. Alonso

  1. Carvén says:

    Hacer un comentario de tu poema hoy, Víctor, me llevará muchas palabras porque me llama describirlo desde el propio título: transmigra!

    Amanece y se alzan el sol, la mujer y la sombra, pero sus recorridos son distintos. Bellisimo.
    El cielo penetra por la ventana y la mirada se escapa al mismo tiempo, huye. Entre ambas no se sabe cuál es más fuerte o si se detienen en su cruce. La luz entra, la mirada se escapa y la sombra se asienta. Tristeza. El amanecer no supone un milagro para ella sino una cotidianidad en el pasar de los días. Una frecuencia del tiempo. Probablemente llueva más dentro que fuera. por eso la luz no la invade sino un halo azul de melancolía. Azul de prusia, como en el cuadro de Munch, que la reviste a flor de piel.
    Enlazas las estrofas entre espacios que representan silencios a través del pesar del alma y de las pisadas. Pesan el tiempo y los pasos. Pesan el alma y el ánimo. Pesan los huesos y los latidos. Pesan los días y los párpados los cuales separan los tiempos entre los días. Otoño en sus altos niveles de melancolía, rozando la rendición ante el invierno. La luz no puede traspasar este muro. Los puentes están cortados y eso aumenta la soledad de la mujer.
    Luego hay un cambio, una brisa, un ligero movimiento entre estrofas. por un momento se confunden o desfiguran las ideas. Ya no se sabe hasta que punto la muerte la tiene abrazada. Antes la tomaba de la mano, la acompañaba, la guiaba. Pero ahora, con la palabra “inerte”, puede que se la llevara y sólo quede su sombra rodeando vacíos en tu persona. La estrofa “Tu cuerpo yace inerte/ ingrávido/ allí/ en el espacio opaco/ donde te ubica/ el destino” así lo da a entender. esta estrofa es de una belleza impoluta, amigo mío. Delimita en el tiempo un espacio pequeño y oscuro. Pienso, me inclino más a ésta idea de muerte física basándome en las siguientes estrofas que crecen el recuerdo en contraste con ese “espacio opaco”. Cada amanecer era como una especie de tránsito, un deambular, un sinrumbo que se detuvo un día con precisión, como un viejo reloj. Curioso concepto y francamente bello a la par.
    Y aquí las estrofas del cambio, las envolventes, las que guardan la esencia y cubren con otros matices la invisible piel azul de la protagonista. Aquí surge lo intangible y denso en el aire. El recuerdo embriaga los espacios, llena los vacíos y las ausencias. Es presente en el alba y el crepúsculo. ilumina desde otra perspectiva interna. Proyecta. No se pierde, no desaparece. Vive y conserva su frescura. Aquí hay colores, aromas, tactos cálidos, visiones y amor, mucho amor incondicional. Es una riña de sentimientos, una lucha, un acto de rebeldía, un rechazo, que no una negación. Luz natural y cálida. La explosión de sentimientos y sentidos pintan el espacio, borran la tristeza y el dolor. Es un gesto de supervivencia hacia el recuerdo de un ser tan querido que nada puede borrar ese amor incalculable.
    Acaba andando, que es un gesto de continuidad y lucha. Son otros azules que vienen desde el cielo y el mar que hace de espejo. Y en la linea de horizonte lejana, la mayor ventana que podrías pensar, en ese infinito lejano se alza su figura eternamente. Crece todo!. las gaviotas traen los cantos. esa es la melodía, esta vez. 🙂

    Se lo tienes que leer al amanecer para que tu poema vuele libre entre las gaviotas y los primeros rayos del sol.
    Precioso poema, maravilloso amor de hijo.

    Carvén

  2. Estravagario says:

    Carvén !!!! Y qué puedo yo decir ahora, si tus comentarios superan con creces a mis poemas !!! Tus críticas son una suerte de psicoanálisis… captas cosas de las que yo mismo no soy consciente en el momento de escribirlas…. es un comentario precioso y generoso también…. no sé si este poema debo pulirlo un poco más o dejarlo tal cual, pero en cualquier caso captas la esencia: la doble vertiente de la muerte de un ser muy querido, que yéndose de este plano tridimensional, permanece en uno tal vez más real: el plano de la memoria y del amor (el amor incondicional como tú dice) y el recuerdo. Me gusta crear pequeños espacios con sinestesias, donde los ojos perciben olores y los oídos ven el cielo nublado o la nariz toca y acaricia la lluvia que cae… suelen ser espacios inicialmente vacíos que luego trato de llenar con imagénes carentes de sentido por sí solas, pero que luego, una vez vista la armazón del poema en su conjunto adquieren significado…. al menos esa es mi intención; no sé si lo consigo… Carvén recibe mi aboluta gratitud y devoción a ti, como persona maravillosa que eres, y a tus comentarios que me encantan… un beso enorme 🙂

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